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jueves, 24 de abril de 2014

Nacho Vegas: Resituación


(Escrito originariamente para Muzikalia)

A lo largo de su trayectoria, Nacho Vegas ha ido mutando poco a poco a través de cambios que, manteniendo su esencia, iban resituando -nunca mejor dicho- su perspectiva y su discurso musical a través del cual manifestarla.

En el plano estrictamente formal, las canciones se han ido desprendiendo de espesor brumoso para ir ganando en sencillez templada. Esto se hizo del todo evidente con La zona sucia (11). Con Resituación (14), hay una cierta vuelta atrás. Algunos temas suenan más armados, pero en cualquier caso, parece claro que un regreso al manierismo de Cajas de música difíciles de parar (03), o a más recientes ejercicios de catarsis coyuntural como El manifiesto desastre (08) (leer aquí su importancia para el que escribe), se antojan harto improbables. Y esto no es que sea bueno o malo en sí mismo, dependerá de las preferencias de cada cual, más bien hablo de algo evidente.

En el plano lírico, por otra parte, el nuevo trabajo del asturiano presenta un notable estado de forma. Tras una aparente sencillez, las letras sugieren formidablemente; detrás de cada verso elegido con precisión e inteligencia, hay múltiples destellos sutiles a descubrir a cada escucha. Me gusta pensar en Resituación como uno de esos discos de libreto en mano, leyendo una y otra vez sus letras, captando los detalles que se escapan y apreciando el recorrido de cada palabra.

El infierno y el cielo personales, sus paseos por ambos estados, si bien desde el principio fueron universales y proyectados con una intención integradora, donde cada cual los transitara a su antojo, se vertebran más que nunca a través de un discurso colectivo interdependiente con el que hacer frente común a la adversidad política, económica y social que nos golpea duro cada día.

Un buen ejemplo de estos aspectos fue el adelanto de "Actores poco memorables", un tema que describe distintos personajes reconocibles dentro del contexto arisco y desagradecido con todos en el que vivimos, tratados con acidez, condescendencia y compasión. La canción suena con cuerpo y sus apuntes son certeros e inteligentes. Una canción inagotable y con autonomía.

Regresa, a las formas de su ya lejano Actos Inexplicables (01), un tema instrumental para abrir el disco -que ya presentó en su ciclo de conciertos dedicado al cineasta Mike Leigh-, "Indefensos", sonando frágil, grave y emocionante. Sus bellos arreglos viran finalmente hacia una apuntada distorsión, indicador de que algo está cambiando y que ya es del todo insostenible.

Tan insostenible como, con otro registro, suena "Polvorado" (Polvo somos, lo sabemos, y en pólvora nos convertiremos), con un uso de coros y tempo animado que recuerda la costumbre reciente de Nacho de contar lo más terrible de una forma ligera y directa, recurso que nos descolocaba al principio, pero al que actualmente ya estamos inevitablemente acostumbrados. A través de exotismo tropical con "Libertaria song" y de intimismo -rebajado de amenaza, una vez más, con el uso de coros- con "Runrún" (Eres un gato observando el horror, hay quien te mira y se frota las manos. Los otros evitan la conversación y hay algunos que se tiran desde el balcón), también lo hace. Es como si el gijonés, cuanto más sacara el estilete para diseccionar con la pluma a una sociedad podrida, menos trascendencia grave quisiera dar a esas canciones en el plano musical.

Ante un mundo globalizado, disperso y terriblemente anónimo, Resituación es también un disco de personajes y de entornos concretos, locales y con enjundia. Para empezar, el geográfico, con Gijón como personaje colectivo que levanta sus brazos malheridos para reconstruirse a través de la denuncia de sus miserias fruto de la reconversión industrial, de la nostalgia cauterizadora y de la toma de conciencia común.

"Ciudad vampira", inspirada en el "Devil town" del imprescindible imaginario de Daniel Johnston, es el retrato de una ciudad triste, pero con los mimbres necesarios para salir de la desolación y repararla a través de dicha toma de conciencia colectiva. Gijón surge también con la inevitable nostalgia de la bonita "Luz de agosto en Gijón", la canción más íntima y emocionante de este trabajo, una especie de interludio más personal en un disco donde el nosotros está más presente que nunca.

Dos artistas norteños son reivindicados desde la admiración y el cariño en dos de las mejores canciones del lote; la cantautora Lorena Álvarez, en "Rapaza de San Antolín" una bonita postal costumbrista, descrita con providencial viveza: uno parece estar al lado de Nachín dispuesto a verla actuar embriagado por cada sentido.

Y, por otro lado, Adolfo P. Suárez, autor de la portada de su anterior largo, en "Adolfo suicide", musculado corte moderadamente desbocado que narra una existencia en los límites del peligro, del autoengaño y del resto de recursos que uno emplea para encontrarse a sí mismo.

Cerrando el minutaje, tenemos, por un lado, "Un día usted morirá", también de mis preferidas, brutal retrato del egoísmo y desinterés más despreciables (Hay una niña judía dibujando sobre un misil corazones enlazados que más tarde estallarán cerca de allí, llevándose por delante a una madre y a su bebé. No se apuren, no eran de los nuestros, todo sigue yendo bien), tema animado y rítmico, ensuciado con precisión por apuntes distorsionados

Por otro lado, y curiosamente, el disco termina con uno de sus acostumbrados ejercicios narrativos de antaño, "La vida manca", un viaje onírico en el que se dan cita los desahucios, la policía, la guardia civil y hasta el cadáver de Miguel Bosé en una piscina observado por Víctor y Ana. Jugosa en lo lírico y desorientadora en lo musical, personalmente, no la hubiera elegido como cierre.

Concluir que Resituación es un paso más en la carrera de Nacho Vegas que destila, ante todo, heterogeneidad, compromiso y necesidad.

"Runrún" de pólvora a punto de prender.

domingo, 13 de abril de 2014

Resituándonos con Nacho Vegas.



(Publicada originariamente para Muzikalia).

Con Nacho Vegas, no se entrevista a un músico, se habla con una persona. Y es que, en estos tiempos convulsos y deshumanizados, no existe mayor virtud que ser persona.

Con motivo de la publicación de Resituación (14), tuve la suerte de compartir cervezas y conversación con el asturiano, una charla que fluyó en torno a la consciencia personal y a la conciencia colectiva, eje que vertebra el difícil equilibrio entre el yo-individuo y el yo-mundo.

Tus seguidores estábamos acostumbrados a ver nuevo material tuyo prácticamente cada año; desde la publicación de Cómo hacer crac en 2011, no teníamos nada nuevo. ¿A qué se ha debido este mayor lapso de tiempo hasta llegar a Resituación (14)?.

Es verdad, yo también lo pensé mucho y no me lo habían preguntado hasta ahora. Tiene que ver con que, después de la gira de La zona Sucia (11) y de Cómo hacer crac (11), habíamos tocado más que nunca y eso me agotó un poco. Me quise tomar un tiempo, no sé, tuve mi momento de crisis. Empezaba a ponerme nervioso en los conciertos, a no disfrutarlos. Encima, estar de gira te impide hacer canciones nuevas, al menos a mí. Paradójicamente, cuanto mejor te va, es cuanto menos tiempo tienes para hacer material nuevo. Decidí parar. Enseguida empezaron a surgir después, pero sí que tuve un poco de miedo de decir "no voy a hacer más canciones".

Tras algunas escuchas de Resituación, la palabra que me viene a la cabeza para definirlo es necesario, sobre todo en estos tiempos de expolio por parte de los distintos poderes en cuyas manos estamos. ¿Piensas que existe una deuda en los artistas independientes de los 90´s de influencia anglosajona, quizá algo más alejados de la realidad en su momento, que provoca denunciar esta situación o es algo que surge desde dentro?

Una cosa no quita la otra. La urgencia de la realidad es mucha ahora, pero en los 90´s también existía, no se vivía precisamente de puta madre. Quizá no había esa necesidad tan perentoria. Han pasado los suficientes años para poder verlo con perspectiva y cierta autocrítica. No tanto por haber mirado hacia otro lado, en ese momento ya me sentía muy próximo al colectivo Ladinamo, una especie de oasis en Madrid, ahora hay mucho más movimiento colectivo; pero sí por haber perdido la oportunidad de haber creado una escena que fuera una alternativa de verdad al mainstream con una colaboración entre los distintos sellos, promotores, etc. Esas batallas todavía las vivimos ahora y es una pena. En la música hay que cambiar muchísimo y tomar como ejemplo otros movimientos sociales.

El adelanto al disco, "Actores poco memorables", presenta una serie de estereotipos que se dan cita en esta gran farsa social: el conservadurismo rancio, los "progres" que viven bien, el servilismo, etc. Más allá de los grandes responsables de esta precariedad en la que andamos metidos a todos los niveles, ¿existe una parte de culpa en todos nosotros por esta situación alcanzada?

Hay una parte, pero no: en realidad hay un discurso hegemónico que lo que quiere hacer que creamos es que la responsabilidad es exclusivamente individual. Igual que el mérito de lograr algo, cuando en realidad para conseguir llegar a hacer cosas, hace falta siempre un colectivo.

El compromiso social hace años era visto por determinados colectivos cercanos a la música independiente como algo rancio, algo que devino en mero hedonismo. ¿Esto es algo que está cambiando?

El discurso de la transición nos vendió mucho el buen rollo y la modernidad mientras se reprimían fuertemente los conflictos laborales en los 80´s, existía una destrucción completa de tejido social, privatizaciones, etc. Y así hasta hoy. Mientras, se vendía que todo iba bien con distintos discursos: el buen rollo primero, la meritocracia después y, finalmente, con el "somos clase media". Cuestionar todo esto desde la música era visto como algo tabú. Afortunadamente, esto está cambiando, pero bueno, a mí me siguen acusando de panfletario ahora.

Al hilo de todo esto, pareciera como si no existiese la conciencia de clase, como si fuera algo desfasado, mientras muchos trataron de convertirse en los nuevos ricos.

Realmente, hubo un triunfo de la ética individualista fruto del capitalismo más salvaje que desmovilizara a la gente y que la hiciera perder esa conciencia de clase, que hablar de la lucha de clases fuera visto como un discurso de la vieja izquierda. Se inculcaba el poder aspirar a ser una clase media que no dejaba de estar instalada en el precariado y en las peores condiciones de clase trabajadora por mucho que presumiera de tener un determinado puesto. Y esto desmoviliza mucho. Ahora, tras haberse caído esto por su propio peso también, con todos los nuevos movimientos sociales, se está deslegitimando y dejando patente que la lucha de clases está más vigente que nunca y que la desigualdad ha crecido enormemente.

"Indefensos", el tema instrumental que abre tu nuevo trabajo a las formas de Actos Inexplicables (01), me hace pensar en la violencia, yo diría hasta explícita, que ejercen sobre nosotros políticos, banqueros y demás clase dominante. ¿Cómo se puede luchar contra ella?

Pues precisamente siendo conscientes de nuestra vulnerabilidad y de que si creemos que todo lo podemos hacer por nosotros mismos, vamos a estar más indefensos que nunca. Hay que tomar conciencia de lo común y auto-organizarnos luchando de esa manera. Somos seres interdependientes y, sin embargo, nos vendieron mucho eso de la autosuficiencia y que, de adultos, hay que buscar la independencia y ser libre, pero al final, estos conceptos perversos de libertad lo que hacen es encadenarnos mucho más.

Resituación es un disco con unas señas de identidad muy claras, muy adscrito a lo que es Gijón. El enclave geográfico en tus obras es evidente. ¿Podrías hacerme un paralelismo entre Madrid y Gijón, bajo mi punto de vista las ciudades más recurrentes en tu obra, diciendo qué cosas te aporta cada una y lo que cada una significa para tu obra?

Es una pregunta bastante difícil ésta. La ciudad está muy presente siempre. Y esas dos, más. Cada una con una visión muy diferente. En Gijón ocurrió algo que marcó mucho a mi generación. La gente de mi edad se tuvo que ir de Asturias. Quedamos cuatro porque no había trabajo. Eso provoco un vacío que impidió crear una escena cultural en una ciudad que tenía todo para tenerla. De esto hablo en "Ciudad vampira", de una ciudad triste que se puede reparar, pero en la que se ha creado mucho daño por efectos de la reconversión industrial de los 80´s. Para mí Gijón está expresada en esa ciudad. Y lo que ocurre en ella, sé que pasa en muchas ciudades parecidas. Paralelamente a esto, pude estar mucho en Madrid donde ocurría justo lo contrario, una especie de Torre de Babel donde se juntó gente que venía de provincias, gente desplazada de su sitio, huérfanos en una ciudad extraña donde buscarse una comunidad que le permitiera tener una raíz. Madrid siempre ha significado la oportunidad para mí que no podías tener en ciudades pequeñas como Gijón de hacer cosas en común alzando la voz.

Siguiendo con esas señas de identidad locales, en Resituación hay dos canciones dedicadas a artistas asturianos, por un lado "Rapaza de San Antolín" dedicada a la cantautora Lorena Álvarez y "Adolfo Suicide" dedicada a Adolfo P. Suárez. Cuéntame un poco cómo surgen ambas.

Bueno, son dos canciones de admiración, incluso la de Adolfo una canción de amor en cierto sentido. En ambos casos, tanto lo que hacen como su personalidad, son fascinantes. Son canciones con protagonistas muy claros, éste es un disco de personajes perdidos en su propia soledad, de muchos claroscuros, estas canciones son el contrapunto, la hipérbole de todo eso, los actores más memorables sin lugar a dudas.

Recuerdo haber leído de ti en una entrevista hace muchos años que eras una persona bastante mitómana con el mundo del rock, pero de una forma sarcástica, hasta llegar a ser desmitificadora. También me gusta la forma en que desmitificas tu figura, de la imagen que se crea desde fuera, como diciendo, "pero qué os pensáis los demás, si soy uno más".

Sí, sí, es un poco eso. Cuando empecé a hacer música se hablaba ya del malditismo y me parecía todo un poco absurdo y ridículo porque todos los malditos han sido siempre estrellas que vendían mucho. Te reías de ello un poco. Y aparte, me gusta mucho el rock y la literatura del rock, pero sus protagonistas siempre se te caen a lo mínimo que lees sobre ellos. Todo es bastante cutre y truculento, y eso precisamente es lo guay, porque si te crees de verdad todo esto, es muy peligroso, la mitificación y el excesivo culto a la personalidad, es uno de los mayores enemigos de la música que hay porque dejas de hacer cosas interesantes en cuanto levantas los pies de la tierra. Y esto es algo que no se critica lo bastante en el rock porque a todos nos gusta leer estas cosas truculentas.

La forma en que introduces el humor en la tragedia, frente a la solemnidad que otros profesan, me interesa mucho. Pienso que, detrás de una sonrisa, ocurren las cosas más terribles a veces.

Sí, el humor es una herramienta poderosa con la que enfrentarnos a las cosas más dramáticas. Pero también se puede utilizar de una forma más reaccionaria para esconderte de ellas y con una distancia que te permita ser cínico; y eso es un error en lo que otras generaciones cayeron abusando de este tipo de recursos. Pero yo lo utilizo de otra forma, claro.

Otra variable en tus canciones es la aparición de la soledad. Es un tema que me llama la atención. ¿De qué forma te marca la soledad al componer? Y, por otro lado, ¿qué faceta de la soledad te obsesiona más, la reconfortante y necesaria o la acechante?

La reconfortante es necesaria para todos a veces. En inglés se tiene "solitude" y "loneliness", en asturiano también existe esta distinción, aunque no se utiliza mucho; la primera sería un poco la elegida, y la otra la que implica desamparo. Ésa de no tener donde agarrarse y sentirse indefenso, es la que más me obsesiona y creo tiene una solución: ser consciente de nuestra vulnerabilidad y descubrir que somos seres interdependientes que nos necesitamos unos a otros. Por eso los personajes de mi último disco y de mi obra en general son personajes solitarios de este tipo.

Además, creo que los trato con bastante compasión. Por ejemplo, me da un poco de rabia con "Actores poco memorables" como estos personajes reconocibles y de trazo grueso de los que hablo con cariño, algunos me han dicho que hablo del típico facha y demás, y realmente no está siendo la visión del típico facha al que critico, está visto con cariño, la mirada a un tipo solitario que habla con su calcetín.

Quizá es más ácida la visión hacia los típicos progres que se arrepienten si no van a votar...

Pero es una mirada compasiva porque al final se siente un poco culpable...

Sí, pero en las conversaciones sociales es donde suelen sentirse culpables, para decírselo a los demás o buscar el perdón con ello...

Sí, sí, pero mi mirada es compasiva, que no te digo que esté exenta de cierta crítica y acidez, precisamente por eso llega a aparecer un personaje inspirado en mí.

Otra cosa que quería comentar contigo es el hecho de observar como según vamos envejeciendo, o discurriendo mejor dicho, cada vez estamos más cansados de nosotros mismos y, a la vez, aburridos de todo, una contraposición que me llama la atención. Tú, con respecto a la música, ¿es la forma en que huyes de estas amenazas?

Sí, probablemente la música sea una de las cosas que utilizo para ello. El título del disco, Resituación., el concepto es ése. Saber cambiar el foco, reaprender a ver el mundo de otra forma para no acabar cansado de ti mismo y de todo.

En la música, por ejemplo, Siempre he tratado de huir de algo que he escuchado mucho en otra gente, esto de "ya no escucho nada de rock", "ya nada me sorprende", basta con hacer el esfuerzo de resituarte para descubrir que cada vez tienes más música que no conoces, cuanto más envejeces, como decías tú, descubres más cosas que puedan emocionarte e ilusionarte de una forma como cuando tenías quince o veinte años y escuchabas música, pero para eso hay que hacer un esfuerzo diario de intentar, no sé, dejar que las cosas te emocionen, estar un poco abierto a que te entren y no encerrarte a ti mismo.

Pero, ¿cómo crees que se consigue esto? A mí a veces me dicen, "joder, es que parece que te estás obligando a hacer esto o aquello realmente". Esos empujones ¿se encuentran fuera de uno mismo o son pulsiones internas?

Depende de uno mismo, pero no veo malo obligarse a las cosas. Es verdad que esa emoción a la que apelamos está mucho más presente cuando eres más joven, más inocente. Al final, la mirada se endurece, estás más maleado, y es más difícil que las cosas te emocionen como antes. Entonces, hay que buscar obligarse. Es como cuando adquieres un compromiso con cualquier cosa de la vida con una relación, con tu trabajo, con la política. Para mi el compromiso es uno de los pilares fundamentales de la vida. Este compromiso exige hacer cosas que no querrías hacer, por eso es un compromiso, no una elección puramente personal. Esas cosas a las que te ves obligado a hacer sabes que son cosas necesarias para tener una existencia más sana y más abierta y al final que fluya más esa emoción.

Yo lo veo mucho en mis amigos que están empezando a tener hijos, es un compromiso muy radical, tomas conciencia de que tienes que desplazar la mirada de tu ombligo hacia otra persona. Nadie quiere cambiar pañales, pero lo haces por algo mucho más importante que tu insignificante existencia. Esta pulsión del compromiso la tenemos dentro, pero necesitamos que se proyecte hacia fuera para que otra mucha gente te agregue en ello. En el trabajo pasa lo mismo, que todo el mundo esté ilusionado para lo mismo, para que las cosas salgan bien.

Hablábamos antes de conciencia. Vamos a hablar ahora de consciencia. ¿Somos conscientes del mundo en que vivimos? Por desgracia en el día a día uno se encuentra con gente que tiene una inconsciencia completa de lo que está pasando, los típicos de "mientras sea a mi vecino al que le pase y no a mí"...

Absolutamente, sí, sí. Pero esto también se adquiere. A veces no sé cuál es el límite entre la consciencia y la conciencia. El discurso de "los seres humanos somos así", ese determinismo de toda va a ocurrir porque tiene que ocurrir me lo he encontrado mucho. Pero si alguien adquiere consciencia, es muy difícil que emprenda el camino de vuelta a la inconsciencia. Hay gente que parece que mira de recelo cuando alguien de repente adquiere esa consciencia como diciendo "mira, ahora que le tocan lo suyo, se da cuenta", pero bueno, si sucede esto, no está mal porque, de verdad, ya te digo que es difícil el camino de vuelta.

En otro orden de cosas, me gustaría saber si vas a participar en el nuevo trabajo de Xel Pereda con Lucas 15 y también cómo quedó en esta ocasión fuera de la Trama Asturiana que te acompaña musicalmente en tu nuevo disco.

Sí, la semana pasada presentamos en Gijón los nuevos temas. Cuando dejamos de tocar tras la gira de 2012, creo que Xel también acabó un poco agotado como yo. Él quería centrarse en el disco de Lucas 15 justo cuando yo quería arrancar con el nuevo y amistosamente dijimos "cada uno a lo suyo". Encontré a Joseba por suerte que es tan buen músico como él, con un estilo distinto, pero igual. Xel está grabando todo él para Lucas 15, salvo algunos arreglos de cuerda, y yo creo que cantaré en unos tres temas.

Quería comentarte también que aprecio en tu obra cómo paulatinamente el espesor dramático más formal, ha dado paso a otro espesor en el contenido universal y en la gravedad de la situación colectiva, en el problema social resumido en que estamos hechos polvo todos.

La verdad es que sí. Me lo dicen mucho. Incluso con críticas algo negativas en cuanto a la simplificación musical. Fui desplazando en las letras el hecho de que partieran todas del yo un poco al nosotros, a utilizar más la tercera persona lo que permitía quitar las capas de gravedad a las canciones, las melodías son menos retorcidas...

Es como si hubiera habido una transmutación del yo-individuo al yo-mundo...

Sí, ya a partir del segundo disco, desde los sentimientos íntimos y dolorosos ya pretendí que mi yo estuviera más en contacto con el mundo real siendo algo catártico. Las personas que surgen en mis discos viven en un mundo muy real. Nunca me interesó el amor en el sentido puramente romántico o las canciones escapistas, que me gustan mucho, pero yo nunca las cultivé, siempre he necesitado que la primera persona estuviera muy en contacto con la realidad.

"Actores pocos memorables", perfiles grises en un mundo turbio.

domingo, 3 de noviembre de 2013

El manifiesto desastre de Nacho Vegas.



Resulta extraño llevar un tiempo sin material de Nacho Vegas. Para los que nos consideramos fieles seguidores de su carrera musical, la espera es inquietante. Su último trabajo, La zona sucia (11), supuso una decepción para mí. En un intento de soltar lastre, de desnudar la canción y su narrativa a la mínima expresión, considero que mucha de la impronta del asturiano se quedó por el camino: Menos dramático y trascendente, más inteligente y sencillo.

Creo que es buen momento de recuperar la crítica que hice de, si no su mejor trabajo, sí aquel que supuso un exorcismo de demonios más a flor de piel y descarnado. Me refiero a El manifiesto desastre (08), su último gran tratado sobre, como él mismo diría, el terror que da vivir.


(Escrito originariamente para Muzikalia).


Mucho ha pasado desde la eclosión de esta obra magna, pero es merecido que, tras observar con perspectiva sus devastadores efectos, reflexionemos y saquemos conclusiones del desastre.

Nacho Vegas ha forjado una carrera brillante, tanto solo como acompañado, y El Manifiesto Desastre (08) es la cúspide de su trayectoria. Quizá no sorprenda tanto como Actos Inexplicables (01), ni sea tan insondable como Cajas de música difíciles de parar (03), pero lo que es seguro es que estamos ante su colección de temas más impactante, desgarradora y cruda. Y no me refiero a esas piruetas que tanto fascinan a los críticos acerca de reinventarse o explorar caminos, conceptos que son más forma que contenido, el motivo no es otro que la brutalidad terrorífica de su pluma, de cómo retrata el conflicto del vivir de una forma tan descarnada, directa y sobrecogedora. Sólo la experiencia permite inspirarse así, bailar en el filo de la navaja aportando a ese fundamento el aderezo creativo que, ya sí, cierra la canción.

En el plano musical, la hondura y cohesión conseguida por su banda actual, en concreto la expansión que logra a las teclas Abraham Boba, alfil de lujo tanto en estudio como en vivo, es también notable. Una producción no tan subrayada como la de Desaparezca Aquí (05), pero que con sutil viveza subterránea, remarca unas composiciones que lejos de ser livianas como sólo alguien desorientado tras una hoja de promoción pudo señalar tiempo ha, entrañan una carga emocional realmente efectiva y afectante.


“Dry Martini S.A.” abre el disco de forma solemne, con ese piano ya casi omnipresente. Primer envite ante la contradicción del actuar, de la derrota ante el amor fatal que lleva y conlleva al más absoluto vacío final. “Detener el tiempo” muestra otra de las obsesiones de Nacho, esa lucha por el hacer trascendente, sabiendo que sólo el nihilismo instantáneo nos cura de valoraciones estériles. Muy Dylan, uno de los cortes más discretos. La oscuridad sinuosa y tensa de “Junior suite”, intervenida por coros angelicales, cede paso a esa vacilada que se monta junto a la Rosenvinge: “Lole y Bolan”, coqueteos con el glam en un tema que más que por su sonido, llama la atención por la noción tan cínica e irónica de las relaciones infectadas.

Mucho mejor resultado aporta otra novedad estilística de Vegas como lo es “En lugar del amor”, influida por la ranchera de José Alfredo e inspirada en los versos de Pessoa; es un bellísimo canto al amor, triste, resignado y con esa melancolía sabia que madura con los años.

Las adicciones a seres y estares, otra marca de la casa, conmueve y agita como nunca con “El tercer día”, quizá el corte más intenso nunca escrito por Nacho, que, desbocado hasta la desesperanza, relata el temor de enfrentarse al vacío de un día tras otro sin el dulce veneno que sabías que mataba y resucitaba a la par. “Crujidos”, otra cima inapelable, es el corte más accesible en el mejor de los sentidos y supone la tristeza personificada de intentar salir una y otra vez de una condena sin éxito. Querer sin poder. Temblores.

El único canto a la devoción espeluznante de quien ama a pesar de los bandazos de los culpables, “Nuevas mañanas” –una adaptación al castellano de Guy Clark-, supone el único soplo de esperanza en un disco que abate inevitablemente de principio a fin, y más cuando al acabar con “Morir o matar”, te das cuenta que mientras existas la única opción siempre es matar. Desintegración plena en un clásico instantáneo a la altura trascendental de “El Ángel Simón” u “Ocho y medio”.

Y quien tenga tiempo de cuestionarse de si estamos ante una persona o un personaje capaz de componer e interpretar así, debería hacerse mirar un poco si lo único que es una puta mentira es su transitar en estado vegetativo desde hace mucho. Entre el dolor y la nada, yo también, elegí el dolor.

Dry Martini S.A.: Las terribles fauces del instante

viernes, 13 de julio de 2012

Entrevista a Nacho vegas


(Publicado Originariamente en Muzikalia)

Nacho Vegas


"Posicionarse ante determinados hechos es para mí un deber moral"

Abril 2012 - Raúl del Olmo

A veces dedicarse desde el lado furtivo y precario a esto de escribir sobre música tiene sus recompensas. Y la tiene por cosas como entrevistar a Nacho Vegas.



Como apasionado de su música, no pocas veces he podido dedicarle líneas elogiando virtudes y condenando defectos de su carrera, pero lo que desde luego nunca me ha decepcionado es su posicionamiento inquebrantablemente sincero, lúcido y comprometido.


En esta extensa entrevista, el asturiano me volvió a demostrar todas y cada una de estas consideraciones.


Haciendo retrospectiva sobre tu carrera, Nacho, me da la impresión de que has pasado de tener un estilo narrativo y descriptivo en tus canciones donde parecías no limitar su expansión, a una forma de componer más concreta y precisa hasta llegar a La Zona Sucia (11). ¿Obedece a una necesidad expresiva, artística o es algo coyuntural?


No, en absoluto es algo coyuntural. En alguna entrevista pasada se malinterpretaron mis palabras y daba la sensación de que había hecho canciones más cortas para que “cupiesen” en la edición en vinilo del álbum y obviamente eso es algo absurdo. En estas canciones sentí la necesidad de ser más sintético. La incontinencia es algo que a veces hay que reprimir; yo la admiro en algunos artistas, y en muchas ocasiones he sentido una pulsión que me empujaba a ella sin remedio, pero a la vez siempre creí que debía despojar a las canciones de todo aquello que no fuera necesario. Cuando escucho discos suelo advertir mucho más las cosas que sobran que las que faltan, y me pasa con los míos también. Coge a Daniel Johnston, por ejemplo. Lo que hace que sea un escritor de canciones tan genial es su sencillez, lo arrebatadoras que resultan esas canciones solo con su voz y un acompañamiento mínimo. Pero claro, llegar a ese grado de sencillez requiere un talento que no todos tenemos.


Vivimos tiempos convulsos, qué duda cabe. ¿Consideras que el compromiso social o la ideología en el artista son algo fundamental?


Desde luego, no entiendo la música sin que haya un grado de compromiso con la realidad, con el mundo en el que vives. No estoy hablando de algo explícitamente político; ese compromiso se puede percibir en el rocanrol primitivo, en la rumba festiva, en el jazz o en la cumbia. Lo que mata a la música es el desapego con la realidad. Eso ha pasado mucho en el mundo del pop: artistas que han dejado de hacer cosas interesantes cuando tienen éxito, alcanzan la fama y se recluyen en su torre de marfil, cuando pierden contacto con el mundo real. Mike Leigh decía que un director de cine nunca debería dejar de coger el metro, y eso es algo también aplicable para los que hacemos canciones.


Al hilo de esta cuestión, admiro tu valentía y arrojo al posicionarte de una determinada forma ante determinados hechos. ¿Es algo que echas de menos en compañeros de profesión? ¿Te irrita el tono inocuo de la mayor parte de los factores artísticos que, a mi juicio, actualmente presenta la escena musical?


Un poco sí, la verdad... Posicionarse es para mí un deber moral, y no creo que haya nada de valentía en ello. Quiero pensar que las cosas están cambiando, pero hace años la situación era más bien deprimente. El indie fue muy excitante al principio porque se creó una escena de la nada con grupos, sellos, fanzines, etcétera, que no tenían cabida en la gran industria. Pero después vino a ser la voz de una clase media muy desmovilizada y reaccionaria, aferrada a esa actitud tan cínica hacia todo, algo que aún veo en mucha gente, ese sarcasmo idiota tan condescendiente... Uf, eso sí que me cansa mucho. No hubo una alternativa al mainstream realmente crítica y eso es una pena, porque fueron años en los que nos iban echando poco a poco paladas de esta basura neoliberal en la que ahora estamos metidos hasta el cuello sin que apenas hubiera protestas. Hubo excepciones, claro, como el colectivo Ladinamo, en el que estaba involucrada gente relacionada con la escena indie y que supuso un foco cultural de resistencia activa desde la izquierda, del que hoy siguen saliendo muchas propuestas interesantes.


¿Hasta qué punto a Nacho Vegas como público la persona que hay detrás de una manifestación artística, el hecho de que sea un canalla o un ser despreciable, puede influirle en la apreciación y la posterior valoración de su obra? ¿Es posible abstraerse de ello? ¿Es moralmente aceptable?


A veces es difícil abstraerse de ese culto a la personalidad que rodea al mundo del arte en general y que es bastante estúpido, pero cada uno debe saber minimizarlo. A mí por ejemplo me gustan las novelas de James Ellroy pero él me parece un personaje repugnante. No sé cuánto habrá de impostura en ello pero no tengo el mínimo interés en averiguarlo. Uno de mis escritores favoritos es Pessoa, que era de derechas, y también lo eran Céline o Dámaso Alonso. Pero todos ellos lanzan una mirada muy crítica al mundo y revelan cosas de él. Lo que no tolero es el inmovilismo. En la música, por ejemplo, esas canciones planas que no me dicen nada sobre la vida, sobre mi vida. Eso que cantaban los Smiths en “Panic”...


¿Eres mitómano? ¿Entiendes que parte de tu audiencia llegue a mitificarte de forma solemne o sarcástica? ¿Qué sensación te causa?


Yo creo que la excesiva mitificación mata al arte, pero hay una cosa buena que tiene la cultura popular, o la del rock en particular, y es que crea mitos que se vienen abajo con mucha facilidad porque tienen mucho de ridículo. Es algo paradójico. Yo soy bastante mitómano, pero me encanta leer libros sobre, por ejemplo, el Nueva York de los 60, la época de la Factory y todo aquello, y comprobar que todo era bastante miserable y absurdo. Y sin embargo precisamente por eso no deja de fascinarme. Es un poco como ese lema de “kill your idols”...


Anteriormente has coqueteado con vías expresivas tales como los relatos cortos, llegando a publicarlos o a participar en filmaciones como la de El fulgor de Ramón Lluis Bande. ¿Has pensado en repetir alguna de estas experiencias? Hablando del escritor Ramón Lluis Bande, ¿habéis pensando en resucitar el proyecto Diariu?


Bueno, sigo escribiendo de forma paralela a las canciones pero es algo que requiere otro tipo de disciplina y de orden así que... no sé, tengo algo en proceso pero de momento no puedo decir mucho. Ramón Lluís es un gran amigo mío y seguimos colaborando de cuando en cuando de diferentes maneras. Ahora mismo está en marcha una serie de retratos audiovisuales llamada (ende) que está llevando a cabo con Luis Argeo, otro realizador asturiano, y yo he colaborado con algunos fragmentos musicales. La primera parte de esta serie se acaba de estrenar en LABoral, en Gijón. Es difícil de explicar en pocas palabras, pero se lo recomiendo a cualquiera; se trata de un recorrido por todo el litoral asturiano en el que van tomando la palabra hombres y mujeres que se van encontrando por el camino. Además, Ramón Lluís siempre está ideando cosas y sí que hemos hablado de hacer algo parecido a El fulgor, pero ahora mismo mi relación con las cámaras es más bien de antipatía mutua, así que de momento no lo veo...


La defensa de la lengua como patrimonio cultural y factor de identidad de un pueblo creo que es algo también crucial en estos tiempos globalizadores tan peligrosos. Supongo que parte de eso late tras la existencia de Diariu o más recientemente de Lucas 15 junto a Xel Pereda. ¿Habrá una pronta continuación a este proyecto más reciente?


Bueno, algo de militancia es inevitable cuando se trata de usar el asturiano, porque la condescendencia, cuando no directamente el desprecio, que los políticos que gobiernan en Asturies muestran hacia la llingua está consiguiendo que poco a poco desaparezca totalmente de los núcleos urbanos. Así que en cierto modo se trata de una actitud de resistencia, y de demostrar que el asturiano sigue vivo en la cultura y en la tradición. Xel acaba de grabar “Soledá”, una adaptación preciosa de un poema de Mánfer de la Llera, y sí, más tarde o más temprano supongo que habrá una continuación de Lucas 15.


Hablando ahora sobre alguna de las bandas en las que has militado, ¿cómo recuerdas tus días en Manta Ray? ¿Ves posible una reunión puntual, es algo que te gustaría?


Fue una época muy excitante, porque el recibimiento del primer disco nos sorprendió a todos y prácticamente de un día para otro empezamos a tocar fuera de Asturias, y compartimos escenario con muchos de los que hoy siguen siendo muy buenos amigos, como la gente de El Niño Gusano o Mercromina. Pero en realidad yo estuve en los dos primeros álbumes y la trayectoria de Manta Ray fue después mucho más larga y fructífera, así que si se llegaran a reunir sería más bien cosa de ellos cuatro.


Tu paso por Migala y aportación a discos como Arde, ¿hasta qué punto fue una experiencia que enriqueció tu carrera?


Fue importante, claro, hacer discos y giras es siempre un trabajo colectivo en el que tienes que dar y recibir, y de todos los que formaban Migala aprendí mucho, y además estaban en un momento magnífico. Pero fue un poco extraño volver a la disciplina de una banda, y por eso fue breve. Migala era un grupo de personas con muchas cosas en común pero a la vez muy heterogéneo, y eso trae consigo resultados estupendos pero también muchas complicaciones.


Siempre te ha gustado compartir aventuras artísticas con otros compañeros como con Enrique Bunbury o Chirstina Rosenvinge. Aparte de ese intento no concretado que comentaste por encima de hacer algo con Calamaro tiempo ha, ¿tienes idea de repetir esta experiencia con alguien en concreto? En caso de poder hacerlo con algún artista fuera de España, ¿quién te haría más ilusión?


Sí, cuando haces música ya te digo que compartir es algo muy importante, pero para hacer colaboraciones tan profundas como las que hice con Enrique o Christina se tiene que producir un encuentro y ver si salta la chispa. No es algo que se pueda planificar previamente, así que prefiero no decir nombres... Ahora mismo estoy involucrado en Fundación Robo, que es una plataforma colectiva de la que está resultando una experiencia muy chula.


El fetichismo que aún sentimos algunos por el formato en el arte y la música en concreto, ¿crees que sobrevivirá a la futilidad del aquí y ahora al apreciarse en estos días el arte como una forma más de consumo rápida e inmediata?


Está claro que existe una gran industria del ocio y el entretenimiento que se alimenta de una buena parte del arte, pero hay otra parte importante de la cultura popular que siempre ha sido un foco de resistencia y hay que saber preservar eso. En el mundo de la música ahora vemos cómo las grandes multinacionales y grupos de comunicación que copaban el mercado están cada vez más débiles, y eso debe ser algo positivo a la hora de visibilizar otro tipo de cultura más libre, crítica y vocacional. Pero tampoco podemos obviar que dentro de los nuevos canales de difusión que ofrece internet también está el mercado, con otras caras, pero igual de depredador, y hay que saber protegerse contra eso, aunque todavía nadie ha dado con la solución. Yo también soy bastante fetichista, y me gustaría que no se perdiera ese romanticismo que caracteriza la forma de trabajar de algunos sellos, bandas, medios, etc. Pero no hay que aferrarse demasiado a ello, la verdadera resistencia está en el activismo.


Me interesa mucho la barrera que labras entre la persona y el personaje en tus canciones. Sabes muy bien mezclarlos y conseguir la distancia adecuada para universalizar el mensaje y hacerla adscribible a cualquier oyente. ¿Cómo se consigue encontrar dicho punto equidistante? ¿te parece más difícil escribir canciones abiertamente autobiográficas o crear personajes de situaciones fuera de ti para describir conflictos personales?


A veces estoy diciendo más de mismo cuando escribo en tercera persona que en primera; lo importante es buscar diferentes distanciamientos y perspectivas que te proporcionen una amplitud de miras que es la que hace que una canción logre ser expresiva y pueda hablar de algo común a todos nosotros. Lo importante no es en ningún caso lo que sucede en mi vida, sino lo que revela mi mirada al mundo que tengo enfrente. Bueno, enfrente, alrededor y dentro, por todas partes.


Una vez titulé una crónica de un concierto tuyo con el titular “Personajes construyendo personas”. ¿Estás de acuerdo en esta apreciación? ¿son nuestros propios embustes, máscaras y roles buscados o forzados los que crean en su conjunto a la persona de forma casi involuntaria?


Claro, personaje y persona comparten la misma raíz léxica, y desde el momento en el que nos relacionamos con los demás todos construimos personajes que se nutren de las experiencias propias y ajenas, de las creencias propias y de las ajenas... Es un proceso muy confuso para cualquiera, en fin, de eso se trata la vida. La disonancia cognitiva es algo con lo que tenemos que lidiar continuamente, que da lugar a muchas preguntas sin respuesta y, en el caso de algunos de nosotros, da lugar también a canciones.


La exposición de entrañas en su obra supongo que para cualquier artista es algo delicado. Una parte del público tiende a criticarla o enjuiciarla de forma gratuita en tu caso en no pocas ocasiones. ¿Es algo que te molesta? ¿Buscas con tu nueva escritura esquivar en cierta forma esto, hacerlo de forma más sutil o tangencial?


No, no, yo hablo de mi vida, y eso incluye mi forma de ver la vida. ¿De qué otra cosa podría hablar?


Hace poco leí a Abel Hernández en una entrevista que somos especialmente impresionables a la música que nos impacta entre los 15 y 25 años. Como persona que vivió tu debut Actos Inexplicables (01) justo en la salida de este umbral y siendo un disco que me acompañará siempre, me gustaría, por último, que con una perspectiva de más de diez años me contaras cómo valoras, recuerdas o sientes la etapa en que lo concebiste.


La verdad es que tengo un recuerdo bastante claro, mucho más que de discos posteriores. Escribí todas las canciones en un piso en el que vivía en Cimavilla, el barrio antiguo de Gijón, justo antes de la gran estafa inmobiliaria. Tenía vistas al mar, pagaba 30.000 pesetas de alquiler, y los primeros años el ayuntamiento me daba una ayuda por la mitad. Ahora ya lo han tirado abajo, y hace años que tratan de vender los apartamentos nuevos por una burrada. Cuando paso por allí me acuerdo de estar haciendo las canciones deActos inexplicables, y buena parte de las de Cajas de música difíciles de parar. De todos modos no tenía un duro, así que al cabo de un par de años se vino a vivir conmigo Jairo, que tocó el bajo en la banda una temporada y que me animó mucho con las canciones del primer disco. Yo en ese momento no tenía ni idea de si iban a llegar a salir en un disco o de si le iban a interesar a alguien, y creo que eso les proporcionó un grado de pureza, por así decirlo, que he tratado de preservar cada vez que escribo una nueva canción.


Como no había tocado apenas en directo, en la grabación canté como lo hacía en mi casa, como para mí mismo, y eso hace que deteste mi voz en todo el disco. Creo que uno debe cantar con la intención de hacerse oír, aun en las canciones más íntimas. Paco Loco me ayudó mucho, por supuesto, pero como no tenía banda fija grabamos pista a pista, lo que hace que las canciones no fluyan bien, que me suene un poco desapasionado. Después de este disco ya tenía formada una banda y siempre he grabado las bases en directo. Pero ahí estaba Manu, a la batería, que ha seguido conmigo hasta hoy.