El pesado aroma que sucede a la pasión impregnaba el cuarto. Tumbados sobre la cama a oscuras y en silencio aguardaban la llegada del fin del mundo; Así semana tras semana, hasta comprobar por ellos mismos que nadie muere en domingo.
Este mes dedico la carta sonora de mi podcast a una de las bandas más queridas por Talk to Him, Alcest. Me introduzco en la fascinante historia de la banda, sus orígenes, evolución, influencias, significado y trascendencia. Una fábula musical purificadora que trata de trasladar al oyente a otro mundo capaz de hacernos soñar con el ideal de belleza y de luz hasta alcanzar la esencia misma del anhelo misterioso que necesitamos abrazar cuando la vida terrenal y cotidiana se nos queda irremediablemente corta.
Como guinda a este episodio, os dejo el reciente vídeo de su último single publicado,"Améthyste", perteneciente a su excelente disco publicado el pasado año Les Chants de L'Aurore. El vídeo está confeccionado a través de la recopilación y montaje de diferentes instantáneas de su grandiosa gira europea del pasado año que actualmente pasa por América.
Este mes, celebrando la llegada del otoño, la azotea sonora de mi podcast Talk to Him vuelve a embarcarse en un proceloso viaje a través de la noche eterna que representa mejor que ningún otro estilo el blackgaze. No sumergimos por completo en un bosque laberíntico plagado de sonidos en eterna lucha entre la luz y la oscuridad; el horror más insondable y la belleza más extrema para presentar 10 discos que son capaces de cambiar la existencia de una persona, o al menos de hacernos habitar en el sueño eterno de quien desea trascender en todo aquello que emprende a lo largo de su vida.
Como añadido a este listado de 10 discos, os regalo una extraordinaria canción de otra gran obra del género, Insomnia (20) del proyecto ruso A Light in The Dark.
Desde hace tiempo la más fascinante lucha que leo por foros y páginas de internet es la que se está librando en torno a la etiqueta definitiva que marca tendencia: Blackgaze. Para los que no la conozcan, diré que viene de la fusión de lo que sería el Black Metal y, por otro, el Shoegaze.
Si a estas alturas tengo que explicar también las características sonoras de los dos estilos -qué sopor, tira de google-, está claro, con todos mis respetos, que este artículo no está hecho para ti.
El caso es que el Black Metal es un género, en su acepción más ortodoxa, que no me ha interesado nunca. Más allá de lo que supone una imagen y universo aledaño al musical con el que no me identifico nada, el extremismo de las voces gritonas, y no en pocas veces salidas de una granja avícola, y la sensación de monotonía tras murallas de sonido reiterativas y sin matices me provoca aburrimiento.
Obviamente, no soy ningún experto y me he acercado a otras tendencias más pesadas y ralentizadas: Me refiero ese elogio exacerbado que existe hacia los drones que, de igual forma, a las maneras de Sunn O))) me cansan y abruman y que a las de Stars of the lid -rama neoclásica, nada que ver- me emocionan profundamente por ejemplo.
El caso está en que los que hemos estallado en elogios y fiebre fervorosa de artistas como Alcest (te recomiendo la lectura de la entrada que les tengo dedicada), Les Discrets, Old Silver Key o Woods of Desolation, hemos percibido que no pocas veces se nos asocia a una especie de hype que, por mucho que me esfuerzo, no encuentro por ninguna parte.
Por que, a ver ¿en qué publicaciones nacionales o internacionales se le rinda espacio a estas bandas? Por favor, si la última maravilla de Les Discrets, Ariettes Oubliées, no hay forma humana de que en España, por ejemplo, sea conocida mínimamente.
Más bien lo que encuentro es una pataleta troglodita de los straight-edge blackmetaleros de disfraz que han visto como ciertas bandas que antaño se adscribían a su sonido han evolucionado en su sensibilidad y forma de entender la música, encontrando su realización artística en orillas que otros hace muchos años que transitamos.
Y ahí es donde radica la diferencia: los que amamos este sonido mucho tiempo antes incluso que los propios artistas bajo los que se denomina la nueva etiqueta, rendíamos nuestras lágrimas y latidos al post-rock y al shoegaze, los géneros ante los que más se adscribe el nuevo movimiento. Murallas de sonido mutables, desarrollos que se desplazaban desde el embrión hasta la muerte de la carne en detonaciones de sensaciones frágiles e intensas a la par.
Unos nos desvivimos por Mono o por Sigur Rós, otros por Explosions in the sky o Slint y otros por Slowdive o My Bloody Valentine, pero todos nos acercamos devotos con la franqueza carente de snobismo que nuestro propio pulso y pasión genera instintivamente ante la música.
Ese y no otro es el castigo que parece debamos sufrir, el de emocionarnos y conmocionarnos con una elaboración sonora maravillosamente envolvente y evocadora.
Por favor, no me golpeen en la cabeza con su maza de pinchos.
Les Discrets es uno de los más grandes tesoros ocultos actualmente dentro del universo musical. Como muestra, os invito a escuchar el asombroso viaje hacia ninguna parte que es este movimiento perpetuo: el de nuestras vidas al intentar escapar de nosotros mismos.
La búsqueda incansable de emociones a través de esa banda sonora de nuestra existencia que es la música, acompaña el devenir de todos los que nos consideramos apasionados de ella.
Alarma especialmente cuando llevamos tiempo estéril sin encontrar algo que nos agite por dentro: siempre existe el temor a considerar que el desarrollo de la vida, la costumbre, la edad o el gris diario puedan hacernos perder esa capacidad de sorpresa, de reventar por dentro y por fuera en un torrente de lágrimas, de risas, de elevación del alma...
Así, el descubrir bandas que consigan todo lo anteriormente expuesto, es celebración pura y genuina, como en mi caso fue el encontrarme con Alcest.
Alcest es el proyecto francés tras el que se esconde Neige, una enigmática figura que, si nos adentramos en las motivaciones y razón de ser de su obra, resulta fascinante. En origen, su sonido se adscribió al black metal más ortodoxo, género con el que no guardo ninguna afinidad y del que no tardó en ir desmarcándose para crear un universo propio e intransferible.
Lejano queda ese primer EP Tristesse Invernel el cual ni tan siquiera he escuchado. Aún adolescente y como fan , Alcest por entonces estaba lejos de convertirse en lo que actualmente es.
Lo auténticamente fabuloso llega cuando Neige consideró que su música, el hecho de encomendarse a esta tarea artística, nace fruto de una inquietante y ensoñadora experiencia que tuvo en su infancia: unas visiones que experimentó camino del colegio y que marcaron el trascurso de su vida; algo así como un universo paralelo, una tierra bucólica y alejada de este mundo que le transmitía una sensación placentera que él mismo más de una ocasión ha indicado que no puede describir con el mero uso de la palabra para llegar a toda su grandeza.
Desde entonces, utilizó la música, sú musica, para evocar e intentar mantener inmortal en sus recuerdos y su corazón esas visiones. Cada canción que desarrollaba, era un intento por hacer permanecer su vivencia constatada a través del sonido que conseguía desarrollar. Una lucha infatigable por no olvidar algo que, amargamente, no se fue repitiendo más.
En una persona del todo incrédula como yo, estas afirmaciones, más allá del valor fantástico que pudieran tener, me parecen de un poder y una esencia romántica únicas y no dejan de ser una maravillosa motivación compositiva cargada de nostalgia y magia.
Las encontramos ya en su EP Le Secret (05), compuesto por dos temas de enorme distorsión y fuerza, aún con unas formas adscritas en buena parte al black metal más genuino.
Pero es a partir de esa obra maestra que es Souvenirs d'un autre monde (07), cuando su universo estalla y muestra un acercamiento a la belleza y a la elevación de nuestra alma absolutamente arrebatador. Desde su propio título, esos "recuerdos de otro mundo", son manifestados con una armonía y delicadeza ardiente que conforman eso que se ha dado en llamar, blackgaze, por esa mezcla entre el black metal referido anteriormente y las capas de distorsión y melodía subterránea del shogaze, aunque, curiosamente, Neige ha relatado que por aquel entonces no tenía ni idea de lo que era el shoegaze y no conoció - y amó- hasta bastante después carreras como la de My Bloody Valentine.
Dejando etiquetas y valoraciones estilísticas, -desde luego muy alejadas de la finalidad y la naturaleza del artículo- el disco es impresionantemente hermoso, destacando el cariz vivificador que la música de Alcest transmite en él: intenta ser una plasmación vívida de la experiencia trascendental relatada anteriormente. Canciones como "Printemps émeurade" o "Ciel errant" me acompañarán ya lo que me queda de vida como límpido reflejo de etéreos viajes.
El disco con el que conocí su legado fue Écailles de Lune (10), más oscuro y desolador. El motivo que causa ese giro es fatídico: la frustración y el dolor que causa el olvido paulatino de esas visiones infantiles en Neige mientras el tiempo va pasando inexorablemente. De nuevo la tragedia del Romanticismo de amar lo que inevitablemente es inalcanzable o lo que forzosamente se desvanecerá. El grito, lejos de ser utilizado como careta o recurso extremo, Neige lo emplea como lo hacemos cualquiera: manifestación y denuncia de esa frustración y de ese dolor, nunca exclusivamente como elemento distintivo musical como algunos consideran erróneamente. En ese sentido la agónica "Percées de lumière" es totalmente abrasadora y distintiva.
Y llegamos a 2012 donde Les voyages de L'Âme supone su cénit creativo y consagración de un legado ya inmortal. Esa portada entre dos mundos con la simbólica figura del pavo real como animal fascinante y poseedor de un misterio enigmático atravesando el arco de un portalón, es la metáfora definitiva del artista que se encuentra entre dos mundos: aquel que rememora y hace dolorosamente descriptivo en la contradicción que supone su inexistencia real y aquel al cual debe trascender en su periplo vital y supone una cárcel de frustración e intrascendencia. Algo que se podría emparentar con Las Flores del Mal de Baudelaire sin ir más lejos.
Este mismo año, canciones tan bellas como "Autre temps", tan intransferibles a la hora de significar lo que me suponen como "Les voyages de l'Âme", tan intensas como "Faiseurs de mondes" o tan vivificadoras como "Summer's glory", están acompañando mis días y mis noches en busca de ese otro mundo al que poder aspirar para salvarnos del que conozco y que unos pocos han convertido en yermo infierno de codicia humana.
"Les Voyages de L'Âme" supone la consagración de un estilo; un huida a fundirse con la esencia de las cosas, por alcanzar una pureza alejada de la corrupción mundana acechante. El desarrollo del tema me emociona y conmueve como muy pocos.