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domingo, 31 de agosto de 2025

Summer Playlist 2025 (Talk to Him Podcast)


Un verano más, regresa la clásica Summer Playlist encadenada a la azotea sonora del podcast de música Talk to Him. Esta edición 2025 vuelve a ser una colección de emociones recogidas en forma de canción donde caben recuerdos, anhelos, deseos y demás sensaciones que sólo la música puede transmitirnos. Zambúllete en este personal viaje que plantea Him para llevarlo a través de tus vivencias a un plano completamente personal e íntimo, aquel del que toda persona es su exclusiva dueña y se salvaguarda en lo más profundo de nuestro ser. Porque la música, cuando nace de dentro, es capaz de trascender al propio recorrido de nuestras vidas.

Como añadido, todas aquellas personas que apoyan el podcast Talk to Him desde Ivoox pueden acceder a una Summer Playlist muy íntima y personal, llena de las canciones más emociones e imperecederas, capaces de sobrevivirnos desde cualquier esfera imaginada.

domingo, 14 de noviembre de 2021

Sigur Rós, La belleza Doliente. (Talk to Him Podcast).

Este mes la azotea sonora de mi podcast Talk to Him se adentra en la más bonita historia jamás contada de la mano de la banda más emocionante y especial que ha poblado nunca este planeta: Sigur Rós. Un especial dedicado al grupo islandés donde la belleza es tal que llega a doler y transporta a un lugar literalmente fuera de este mundo. Una deuda saldada desde este podcast dedicada a las personas que dan sentido a nuestra vida y por el milagro de sentir hasta el último día en que sigamos vivos.


Como extra a este episodio tan emocionante dedicado a Sigur Rós, os dejo el DVD musical más extraordinariamente hermoso que se pueda ver, Heima, perteneciente a su gira por Islandia tras la publicación de su disco Takk. Nadie debiera irse de este mundo sin verlo.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Los Sonidos del Silencio (neoclásico, drone, ambient).


Este mes la azotea sonora de Talk to Him rinde un homenaje al silencio a través de las más sutiles, conmovedoras y porosas formas musicales: la del neoclásico, el drone y el ambient. Más allá de etiquetas o compartimentos, esta carta se vertebra en un todo cohesionado donde las emociones fluyen naturales hasta lo más profundo de nuestro espíritu. Así, con cuidado, poco a poco, abrazados por la quietud del silencio. Que su abrigo invisible os guarezca del frío, la soledad y el desamparo siempre.


 Y en un campo tan infinito, del todo inabarcable, huelga decir que las ausencias son muchas. Para completar la nómina de compositores y artistas incluidos en el podcast, estas son otras tres recomendaciones a escuchar:

Andrei Manchado. Este compositor brasileño destila un sosegado clásico moderno que coquetea con el ambient. Su disco de2014, Catarse, es una pequeña joya a descubrir.



Worrytrain. Joshua Neil Geissler es el nombre que se esconde tras este fantasmagórico proyecto. Su disco, Fog Dance, My Moth Kingdom (07) es un terrorífico tour de force por los diversos apocalipsis que han ocurrido a lo largo de la historia. Oscuro, opresivo y destructivamente bello.



Otto a Totland. Otra obra a rescatar en este pequeño apéndice es Pinô (14), del noruego Otto a Totland, puro impresionismo, pinceladas de belleza sutil e hipodérmica. Melancolía para otoños que no terminan nunca.

jueves, 27 de junio de 2013

Machina Corde: El latido de la esperanza.


Esta semana la entrada del blog la voy a dedicar a una aventura artística en la que me he embarcado junto a una talentosa y gran persona: Machina Corde.

Reconozco que siempre he sentido el impulso de hacer cosas relacionadas con los ámbitos que más me gustan: la música, el cine, la literatura...eso me ha llevado a infructuosos intentos de aprender a tocar la guitarra dignamente, o idear guiones o cortos que al final nunca he realizado. Vamos, una muestra más de que quien mueve todo en la cabeza no mueve nada con las manos.

Algunas veces esas necesidades, por llamarlas de algún modo, han sido frenadas a partes iguales por la cobardía, la pereza, el desánimo y el miedo a ser un mediocre más que contribuyera a la plaga de mediocridad que de por sí ya nos acucia sin piedad ni pudor humanos; Otras, han aparecido pequeños destellos que no seré yo quien catalogue de dignos, extraordinarios o lamentables, y que me han permitido, perdonen la osadía, "realizarme" en este mundo yermo y gris.

También, utilizando un concepto freudiano, he sublimado esas carencias o insatisfacciones a través del ejercicio de dialogar y opinar acerca de esas disciplinas, bien a a través de medios escritos como Muzikalia, o bien a través de  la radio con La Parada de los Monstruos como ejemplos más destacados y duraderos en el tiempo.

Es evidente, no obstante, que la tarea de crear es la que mayor satisfacción puede reconfortar a su artífice, y esa es en la que se adscribe esta nueva propuesta de Machina Corde. Anteriormente me he embarcado en aventuras colectivas con amigos o personas que compartían una misma pasión, pero esta es la primera vez que lo hago en un proyecto artístico junto a otra persona. Y esa persona no es otra que Andrés Menchén, diseñador gráfico y músico con un gusto estético y sensibilidad excepcionales.

Nos hemos conocido casualmente compartiendo trabajo como director de arte -él- y como copywriter -yo- en una pequeña agencia de publicidad. Lo nuestro ha sido un flechazo inmediato: yo quedé maravillado por sus composiciones musicales instrumentales y por su fino estilo en el diseño y a él le ocurrió algo parecido con los textos que había escrito en forma de relatos breves o en los miles de "tuits" que compulsivamente escupo en twitter bajo un nick que mantiene a buen recaudo mi identidad.

Uno de mis mejores recuerdos de aquella estancia me retrotrae a una mañana en la que nos quedamos trabajando solos él y yo en la agencia. Apenas hacía dos o tres días que nos habíamos conocido y empezamos a hablar plácidamente mientras en el hilo musical que nos proporcionaba spotify se elegían para escuchar discos de Apparat o Hammock. La inspiración creativa y una sensación de paz inundaban el ambiente, era una especie de trance ingrávido que aún puedo sentir si cierro mis ojos.

Y luego, ya vino lo fundamental, la conexión emocional. Charlando nos dimos cuenta que el concepto de la vida y la muerte lo decodificábamos dentro de nosotros de una manera muy parecida. Ambos habíamos sufrido la muerte traumática de nuestros padres y de hechos paralelos que nos habían permitido escapar y hundirnos a la vez en una espiral donde las sensaciones antitéticas encontradas infligen una herida de por vida en los corazones y que, tiempo después y ya cauterizada, permiten la reformulación de la propia existencia. Y eso es, a groso modo, el alma de Machina Corde.

"Klaus", primer tema publicado por Machina Corde para su Chapitre I

Quedaba repartir los papeles de la obra. Andrés compone música y diseña y yo escribo. Ambos pensamos, conceptualizamos y latimos con distintos cuerpos, pero un mismo corazón (Corde en latín) que nos sirve como motor (machina) para discurrir por este mundo. El fabuloso logotipo ideado por Andrés representa perfectamente la idea, esas letras "c" como péndulos a ambos lados, un paréntesis que engloba el tiempo y esa "M" que representa a su vez la gráfica maquinal de un latido cardiaco.

Había que ensamblar el todo, por ello ambas partes están integradas y se complementan: es música y es literatura, es escucha y es lectura. Dentro de muy poco ya aparecerá completo el que hemos dado en llamar Chapitre I (Capítulo I) que consistirá en una serie de fragmentos que componen un relato y una mini-ópera que es la plasmación sonora de ese universo literario. La idea es ir creando más capítulos hasta configurar un audio-libro en el sentido más universal y amplio del término.

Afiche de "Klaus", uno de los fragmentos del Chapitre I a publicarse en julio de este año. 
"Acostumbrarse es aprender a morir".

La parte gráfica y audiovisual, junto al desarrollo de conceptos asociados a ellos, es otro plano en el que intentamos trabajar y crear expectación. Se trata de completar la obra a través de pistas y disciplinas artísticas que aporten otro elemento de vertebración a Machina Corde.

Y hasta aquí nuestra presentación. Espero que con ella os haya quedado más claro el latido que subyace bajo nuestras manifestaciones emocionales. Sólo pediros que si lo consideráis oportuno difundáis nuestro legado allí donde esta máquina humana pueda remover, aunque sea mínimamente, las entrañas de quienes la observen.
Segundo teaser de vídeo aparecido sobre  el Chapitre I de Machina Corde



Podéis seguirnos y acceder a todo el material publicado a través de:
http://machinacorde.tumblr.com
http://machinacorde.bandcamp.com
https://soundcloud.com/machinacorde
https://twitter.com/MachinaCorde
https://www.facebook.com/MachinaCorde

jueves, 9 de mayo de 2013

En caso de accidente, Eluvium.


A la hora de pensar en la entrada para el blog de esta semana, se me ocurrió dedicársela a todos esos sonidos adscribibles a una determinada forma de filtrar la emoción y conmovernos a través de la música y que, sin embargo, tantas etiquetas aledañas distintas recibe.

Me refiero a esos espeleólogos del corazón, a esos creadores de edificios de belleza y tristeza reflexivas a la par que cautivadoras. Drone, neoclásico, ambient, post-rock...son meras palabras para definir y acotar una música que se escapa a los propios campos semánticos para, una vez más, trascender al lenguaje.

Pensé en hacer una recopilación de artistas o discos referenciales, en plasmar esta sensación que busco a duras penas transmitir y que, con todas sus singularidades y riqueza cromática sonora, convergen en el cauce de la sangre que nos da oxígeno para seguir respirando en el mundo.

Jóhann Jóhannsson, Helios, Ólafur Arnalds, Stars of the lid, Hammock, Max Ritcher, Dustin O'Hallaran...fueron algunos de los nombres insustituibles que se me vinieron a la cabeza de primeras. Y, por supuesto, Eluvium. El caso es que reflexionando posteriormente y viendo la heterogeneidad dentro de un todo bullente de cohesión, me percaté de que Eluvium, o lo que es lo mismo, Matthew Robert Cooper aunaba a través de su obra la casi totalidad de virtudes y sonidos asociables al conjunto de artistas.

Ese ha sido el motivo por el que, al menos de momento, me centre en la figura del norteamericano y dedique este artículo a reivindicar y repasar la carrera del fastuoso e indescriptible universo Eluvium.


Recuerdo mi primer contacto con su trabajo, Copia (07). Un disco que supuso una digestión lenta, lleno de pasajes evocadores, todos por supuesto instrumentales, donde pianos impresionistas herederos de Satie se mezclaban con ambient, con drones y con una capacidad de generar y transportar belleza pocas veces rescatable y que, al reventarte en el corazón, casi se declaraba inasumible.

Sigue siendo uno de mis discos predilectos, pero un acontecimiento fatídico en mi vida me llevó a caer rendido ante una obra anterior de Eluvium. Ese acontecimiento fue el fallecimiento por accidente de mi padre. Nunca es fácil superar o asumir la muerte de un ser tan trascendental y querido en la vida cuando ésta ha ocurrido de manera violenta: un día le dabas un beso de despedida mientras te regalaba un caramelo y al siguiente yo no existe, ya se ha marchado para siempre.

Esa pérdida en el eslabón de la vida y del afecto más humano e instintivo me descolocó mucho y aún ejerce la percusión de mis lacrimales mientras escribo estas letras. Entre los muchos refugios en los que uno puede ocultarse para superar el duelo y la penuria, está la música; y en este caso el disco fundamental fue el EP de Eluvium An Accidental Memory in the Case of Death (04). Escasos 20 minutos henchidos de música clásica tan sencilla como conmovedora.


De nuevo esas portadas maravillosas, tan identificativas y tan ensoñadoras, son un bosque misterioso y amable donde perder nuestros sentidos dejándonos llevar. Este siempre será mi trabajo preferido de Eluvium y ocupa un lugar referencial en mi imaginario emocional.

De igual forma que lo es su disco entre comilllas "en solitario" como Matthew Robert Cooper que, si bien no se aleja tanto precisamente de esta vertiente de Eluvium, supone una colección de pequeñas joyas al piano que lleva el adecuado título de Miniatures (08). Más alejado resulta el viaje intrincado hacia el minimalismo y los drones del ambicioso y ampuloso Talk amongst the trees (05). Bajo mi punto de vista, un disco bastante más inaccesible, más etéreo y distante sin resultar en absoluto vacío, todo lo contrario: una obra que exige en el receptor poner de su parte para descifrar esa sustancia mágica que fluye lenta y constante como los enigmas de las pasiones más sutiles que nos brinda la existencia.


Lambent Material (03), su primer trabajo, lo tengo poco trabajado y no recuerdo honestamente demasiado su transmisión. Lo que sí me resultó una pequeña tragedia, fue hace tres años su vuelta con Similes, una decepción en toda regla que nos traía incomprensiblemente varios temas con la voz del artista dejando mucho que desear, al igual que en otro orden de cosas le ha ocurrido a Moby. Afortunadamente, el tirón de orejas debió ser inmediato por gran parte de fans y crítica, y ese mismo año edita Static Nocturne, cincuenta minutos de minimalismo y ambient que conforman un solo tema con las constantes que dibujan ese constructo antitético de distancia y emoción: sutil y lejano, impropio y cotidiano a la vez, como una caricia bastarda torpe y anhelada.

Y justo mientras escribo, me encuentro feliz ante un regreso por todo lo alto con su recién editado Nightmare Ending (13), álbum doble que conjuga todas las virtudes y las variables de lo mejor de su trayectoria en más de ochenta minutos que, por fin, reconcilian mi alma con el latido de un genio extraño y brumoso.

Os invito a sumergiros en la belleza que trasciende el transitar diario, en los futuros restos del ser humano cuando ya se haya extinguido: su legado artístico, el verdadero testimonio del alma.

Una pequeña muestra del tesoro que se esconde tras Eluvium.