lunes, 5 de noviembre de 2012

La elegancia del erizo, una coraza de camelias.




Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren.
(La Elegancia del erizo, Muriel Barbery).


Acabo de terminar de leer La elegancia del erizo de Muriel Barbery (gracias de nuevo por el regalo, M.R.). Hace tiempo que abandoné la manía de primera juventud que hace desconfiar de los bestseller, esa rebeldía teñida de supuesta autenticidad y  rigor que lleva a despreciar una obra por el simple hecho de ser más vendida o popular.

Aún así, cada vez que abro un libro, escucho un disco o veo una película donde inevitablemente uno de los reclamos que más se vocea es su poder de convocatoria, su elevado número de fieles, no evito torcer de primeras el gesto. Qué se le va a hacer, por mucho que uno trate de madurar, envejecer en pos del equilibrio, los tics adolescentes e ingenuos por intentar ser distinto o desconfiar de las mayorías siguen teniendo su efecto. Con razón o no, no lo sé. Quizá es una forma como otra cualquier de mantenerse alerta ante aquello que nos llega desde fuera.

El caso está en que no tardé en prenderme de su grácil lectura y de su planteamiento. Obviamente estas reflexiones, como algunas veces indico, no están hechas para confeccionar críticas, desarrollar sinopsis o transmitir el mínimo conocimiento enciclopédico; serían tareas absurdas, infundadas  y con resultados mediocres e incompletos: esto son pequeños homenajes a determinadas obras o momentos que enriquecen mi vida aportándome visiones o sensaciones que ayuden a completar circunstancialmente el embudo que soy.

La elegancia del erizo, además, bien podría ser una novela- blog en sí misma, una recopilación de pensamientos, de apreciaciones que se van sucediendo intermitentemente entre su dos protagonistas : una sensible y culta portera viuda cincuentona y una niña de doce años superdotada que vive su particular aislamiento adolescente en el seno de una familia acomodada del mundo político.

Ambas viven en el mismo edificio, el número 7 de la calle Grenolle, una suerte de retablo por el que desfilan diversos monstruos humanos de distinta catadura moral, intelectual y social, marco de fondo que juega a las formas de lo que sería, por poner un ejemplo, el vecindario de la película de Delicatessen sin forzar tanto el histrionismo y la atmósfera malsana que logra Jeunet en el film.

Lo verdaderamente interesante de la novela es el paralelismo antitético que ambas trazan para sobrevivir a un mundo que inevitablemente les es hostil.

En el caso de Renée, la portera, es fascinante el refugio intransferible que se ha creado por sí misma.En él ha desarrollado unas dotes asombrosas para apreciar el arte y el sentido metafísico de la vida; una mujer con un mundo interior exuberante que, sin embargo, debe mantener en celo al estar determinada su existencia por el condicionamiento social en el que se crió al tener un origen humilde que nunca le ha permitido ir más allá de llevar una existencia en apariencia miserable trabajando como portera en un edificio de una zona pudiente de París y siendo esclava de los convencionalismos sociales que desde fuera condenan a una persona de sus características.

Pobre, poco agraciada, sin posibilidades y con el cruel añadido del dolor que todo ello produce en una persona enormemente inteligente, fragua de forma autodidacta un yo maravillosamente florido que debe ocultar para mantener su estatus de persona condenada a la mediocridad, salvo por las curiosas circunstancias y personajes capaces de descubrir tras esa coraza el magma de inquietud, humanidad y amplitud existencial que convergen en ella.

Como contrapunto a una vida construida bajo un búnker en el que resguardar las claves para sobrevivir a un entorno adverso, se encuentra Paloma, la hija menor de un político que se muestra incapaz de encontrar la más mínima dicha en una casa donde el convencionalismo, la neurastenia y la apariencia de tono amable lo copan todo. Su capacidad de ser tan consciente de la gran farsa que le rodea le lleva a elaborar un diario de ideas profundas y movimientos del mundo como balsa de escape para encontrar -o dejar de buscar, según se mire- sentido a la existencia. Para ello, articula certeros dardos ácidos con los que cuestionar tantas cosas como, por otro lado, encontrar pequeños asideros para seguir viviendo. Su encuentro con Renèe sera fundamental para comprender ella misma el constructo que su tierna y lúcida cabeza pergeñaba.


Muriel Barbery, la autora, evidencia su labor como profesora de filosofía a lo largo de la obra construyendo un pequeño compendio de reflexiones acerca del propio sentido del desarrollo filosófico universal, del valor del arte como medio para alcanzar la eternidad y trascender, de la armonía del pensamiento oriental en contraposición al carácter beligerante e invasivo del occidental, de tics infectos modernos como, por ejemplo, el de los ricos que visten como pobres de diseño para simpatizar con el mundo vulgar que les rodea, etc.

Parafraseando a mi gran amigo B., diré que en La elegancia del erizo lo que verdaderamente importa es el viaje, el trayecto, lejos de finales o planteamientos más o menos conseguidos o epatantes.

Un viaje que se justifica para el lector y la autora en un afán: la búsqueda de la belleza como recurso para trascender al fagocitador gris que nos rodea.


martes, 30 de octubre de 2012

Juego de máscaras: Iamamiwhoami, turbia belleza.



La aparición en el universo musical de Iamamiwhoami vino acompañada de una campaña de marketing viral a través de una serie de vídeos enviados a diversas publicaciones musicales escalonadamente. El misterio que acompañaba la autoría de los mismos fue engrandeciéndose como una bola de nieve y creando expectativas de diversa naturaleza entorno a ese oscurantismo. Tanto, que se llegó a especular con nombres rocambolescos como Christina Aguilera detrás del proyecto.

Algunos pensaron que nos encontrábamos ante el enésimo hype que, ante la crisis que vive la industria discográfica, recurre a estas nuevas artimañas para llamar la atención. Pero no nos equivoquemos: nos encontramos ante un proyecto evidentemente audiovisual y de vanguardia, pero en el que detrás de toda la parafernalia encontramos lo que verdaderamente nos interesa, canciones que se sustentan por sí mismas.

Una vez que el misterio se vino abajo y supimos que detrás de Iamamiwhoami se encontraba la cantante sueca Jonna Lee y el productor Claes Björklund, y después de la publicación on-line del falso directo In concert (10), una nueva serie de singles lanzados con sus correspondientes videoclips daría lugar a la primera publicación de un disco de estudio, Kin (12).

Kin mantiene la esencia de lo que hasta ahora es iamamiwhoami, esto es, una electrónica de raíz independiente -¿alguien todavía utiliza la etiqueta indietrónica?- que cuenta entre sus mayores logros el de atesorar todo el conocimiento y tradición del mejor synth-pop de viejos maestros como Depeche Mode con la innovación estilística que han traído nuevos valores como The knive.

El disco se abre con la comatosa fragilidad de “Sever”, el reverso electrónico de las texturas vaporosas que nos han ofrecido Sigur Rós con Valtari este mismo año. Sin darnos cuenta, nos acomete de súbito “Drops”, un trepidante tema de desarrollo nervioso que recuerda los mejores logros de Lali Puna con una vocación más grandilocuente. Es el momento más orientado a una hipotética pista de baile junto al cierre de “Goods”.

A estas alturas ya nos percatamos de estar ante un trabajo que cuenta con la virtud de resultar compacto a la par que heterogéneo. El falsete histriónico de Jonna Lee en “Play”, unido a su producción sofisticada, la convertirían en la diva decadente de cualquier fiesta en la que no lograra entrar la pulcritud de Jessie Ware.

Hay momentos en que la propuesta de iamamiwhoami se hace relativamente más accesible como con el electro-pop de “Kill”, pero en ningún momento traiciona su espíritu poseedor de turbia belleza herida, justo la única justificable en este mundo macilento.

La inquietud blanquecina unida al estilo urbanístico sintético me traen a la cabeza el espíritu de extrañeza que destilaba el libro y la película Déjame entrar, también suecos.

lunes, 29 de octubre de 2012

Entrevista a Dominique A.



Recupero para el blog la entrevista que hice en Muzikalia a Dominique A, uno de mis artistas preferidos. Nos retrotraemos tres años, a la salida de La Musique, un disco espartano y bello a la par.

(Publicado originariamente en Muzikalia).


Por fin hemos disfrutado la edición en España de La Musique (09), enésima demostración del saber hacer de Dominique A. No podíamos dejar pasar la oportunidad de que este trovador de candores y desgracias nos iluminase con su lúcida y viva forma de contar y vivir la música. 

Tu nuevo disco La Musique, parece buscar la esencia pura de la canción, su esqueleto. ¿Es su concepción y objetivo ese? 
Quizá. De hecho, cuando una canción parecía tener todo lo que necesitaba, no insistía más en ella. Quería algo inmediato, algo alejado de la sofisticación de los últimos discos. 

Sus bases y sus ritmos parecen la otra cara de la moneda de la asfixia que transmitía el ya lejano Remué y se aleja del espíritu expansivo de L´horizon o la sobrecarga de Tout sera comme avant. ¿Cómo lo definirías emocionalmente? 
He intentado hacer un disco muy básico, tanto como puedo hacerlo sin traicionarme a mí mismo. Buscaba más luz emanando de su totalidad. Canciones como “Qui es tu?” evocan claramente a Remué porque a veces no puedo evitar sonar al gótico de antaño, pero en muchas otras, la atmósfera me parece mucho menos nublada que en el pasado. 

Has afirmado en entrevistas que, con este disco, querías buscar un regreso a tus inicios musicales. ¿Cómo fueron y cómo has intentado revivir esos inicios? 
Grabando en casa con máquinas, tocando menos la guitarra, y evitando usar la acústica (excepto en “Hasta”), de forma muy urgente, sin ordenador… por eso dije que era una vuelta al antiguo método. Pero siempre teniendo en mente durante la grabación que eso debería ser mezclado por mi viejo colega Dominique Brusson (Remué, L´horizon), con sus propuestas específicas de mezcla, usando efectos… ¡Mis inicios fueron mucho más anárquicos, por supuesto!, y estaba obsesionado por la idea de autenticidad, de no mentir con la produción y los efectos, muy cerca de la concepción lo-fi, del fascismo lo-fi, deberíamos decir. He cambiado mucho en ese aspecto, y ahora, realmente me gusta usar la tecnología si aporta belleza a una canción. 

Junto a La Musique encontramos un CD extra, La Matière, en principio sólo pensado para internet y finalmente editado en formato físico. Es un trabajo mucho más experimental, más arriesgado. ¿Estás de acuerdo? 
Sí, es como un camino con diferentes partes, que toma distintas curvas mientras que La Musique es como un camino estrecho, como un tunel, fueron hechos a la vez y me tiré largo tiempo separando ambos bloques. 

A lo largo de todos estos años, ¿Qué se ha mantenido inalterable en la concepción musical de Dominique A desde La Fossette a La musique, y qué ha cambiado? 
Lo que ha permanecido: la misma necesidad de urgencia cuando comienzo a trabajar en algo, creer en las virtudes de la impaciencia y el mismo júbilo cuando una canción surge como prueba de su valor. Qué ha cambiado: mi gusto por trabajar con gente, sin estar obsesionado por el control, al contrario, estando sorprendido por sus propuestas, y orientando las canciones en base a lo que ellos aportan. 

Me crea curiosidad cómo vas a adaptar estas nuevas composiciones al directo, ya que me parecen muy elaboradas sin parecerlo, muy detallistas y sutiles. ¿Cómo será su plasmación en vivo? 
No muy distintas al Lp, pero mucho más orgánicas: habrá un batería, guitarras pesadas mezcladas con sonidos electrónicos. Conciertos muy físicos, como siempre. No sobreestimes mi supuesto perfeccionismo No soy uno de esos freaks que se tira una semana buscando un sonido óptimo para sus percusiones. Esos tíos están bien lejos de mi vida. 

Hablando de conciertos, vas a hacer un extenso tour por España. Zaragoza, Madrid, Barcelona, Cádiz, Granada, Salamanca, Murcia…, ¿Cómo te sientes tocando aquí? ¿Cómo definirías a la audiencia española? 
Me encanta siempre tocar en España, escapar de la obsesión que hay en Francia por las letras y sentir un verdadero entusiasmo en cualquier lugar por la música y nada más que por la música. No voy a definir a la audiencia española, porque no me gusta definir a la gente con unas cuantas palabras, pero puedo decirte que siempre voy allí con buenísimas vibraciones. Mi reciente y creciente popularidad en vuestro país sigue siendo un misterio para mí. 

¿Te veremos en algún festival por España? ¿Cuál es tu festival veraniego favorito? 
No sé. Quizá sí, quizá no. De hecho para mí, los festivales de verano son el peor contexto para escuchar música. Son sitios perfectos para beber, tomar algunas drogas y vomitar, demasiadas cosas para compartirlas con la música. La última vez que toqué en un festival de verano, mientras cantaba “Il est là, l´horizon” (“Ahí está, el horizonte”) veía pequeños camiones vaciando Wc´s portátiles entre las tiendas. No creo que se pueda hablar de hacer música en ese entorno. 

Vayamos al núcleo de tu creación artística. La melancolía y la nostalgia han sido siempre sensaciones que he asociado a tus canciones. ¿Surgen siempre de tus experiencias, de tu mirada al pasado, del recuerdo? 
Yo creo que es el caso del 90% de la buena música, y del buen arte, por extensión: la melancolía y la nostalgia son el ojo del huracán, el centro de la batalla, aún si no te identificas plenamente, algunos recuerdos son respuesta a esos sentimientos. Pero, ¿por qué hacer arte si reniegas de ellos? Considerando mi caso, supongo que el sonido de mi voz los evoca especialmente, no sé por qué, y de hecho, no quisiera saberlo. Cuando canto, incluso cuando intento resultar divertido haciéndolo, la gente siempre cree que estoy pensando en comprar una cuerda para ahorcarme. 

¿Crees que los estados radicales de la persona: la pasión, el sufrimiento, la tristeza son los más estimulantes para la creación o con los años, con la experiencia, la búsqueda del equilibrio y el sosiego evita estos polos y fabula más con la creación de historias ajenas? 
Buena pregunta. Sin respuesta. Quizá con el tiempo, es una fusión de ambos polos. Cuando empiezas, lo haces con pasión, con los sentimientos más extremos, pero cuando centras menos la atención en tí mismo, y adquieres distancia con tus emociones, puedes hablar de algo más que de tí mismo. El balance perfecto debería ser la finalidad del arte. Creo que los sentimientos extremos permanecen, pero aprendes a no ser invadido por ellos. 

Como fan querría recordar algunos títulos importantes para mí de tu cancionero para que los asociases con la primera palabra o frase que te sugieren hoy en día. Allá van: 

Vivement dimanche: El principio de la historia.

Les hauts quartiers de peine: Apología de la tristeza, y una de mis mejores melodías pop. 

Le commerce de l´eau: Siempre me recuerda el momento en el estudio, escuchando el resultado después de un día de trabajo y no podía creérmelo de una canción que, por la mañana, se suponía que era folkie. 

Mira: Uf, no es de mis favoritas. Demasiadas cuerdas suaves, una guitarra acústica demasiado limpia, la letra tampoco me convence… lo siento. 

Rue des Marais: Lo más a flor de piel. Mi obra maestra, si es que hay alguna. Conseguida a la primera, en casa una noche. 

Immortels: El tipo de canción que un cantante siempre va tras él. No es un punto de vista muy modesto, pero lo asumo. 

Dans un camion: El tipo de canción que un cantante rechaza. 

Inmortels es posiblemente la canción más hermosa que contenía su álbum La Musique. Los arreglos que abrigan el tema son de una exquisita factura y al entrar elevan la canción a lo más alto.