viernes, 11 de octubre de 2013

Mad Season: mi otoño particular.


Todos tenemos discos especiales para o por algo. Escucharlos se antoja un ritual. En mi caso, aún no sé el motivo, la llegada del otoño me lleva cada vez a pinchar el único trabajo de Mad Season, Above (1994). Aprovechando su re-edición este año y toda la vida subterránea que tiene para mí, dedico esta semana la entrada de mi blog a él.

No hace falta presentar a Mad Season a día de hoy. O quizá sí, lo que sería más grave. Mad Season fue uno de los denominados "supergrupos" de los 90's. Ya sabéis, esas bandas que aunaban miembros de distintas formaciones en proyectos la mayoría de veces puntuales. Mad Season fue junto a Temple of the Dog -proyecto liderado por Chris Cornell que aunaba a miembros de Soundgarden y Pearl Jam en un tributo a la muerte del líder de Mother Love Bone, Andrew Wood- la superbanda distintiva del movimiento grunge.

Sería cruel decir que fue la desidia con sus bandas madre y las adicciones con la droga las que solidificaron la reunión de miembros en Mad Season, pero omitirlo también sería faltar a la verdad. El aura de pesimismo, belleza marchita y emoción quebradiza que definen cada uno de sus surcos ejemplifican perfectamente este hecho. Layne Stanley (vocalista) en Alice in Chains y Mike McCready (guitarrista) en Pearl Jam habían caído en la espiral autodestructiva de la heroína y, por otro lado, Barrett Martin (batería) era presa de los conflictos siempre presentes en el seno de los añorados Screaming Trees. John Baker Saunders, bajista de The Walkabouts, completaba el cuarteto. Con el paso de los años, resulta terrorífico comprobar que dos de sus miembros, Layne Stanley y John Baker, resultaron finalmente fulminados por el peso de la droga y de la angustia vital, falleciendo ambos lastimosamente.

Recuerdo mi primer contacto con Above, fue en aquel bendito oasis radiofónico que era De 4 a 3 en Radio 3 con Paco Pérez-Bryan. Fue la canción "Artificial Red", canción con efluvios blues y jazzies la cual aún la considero bastante más prescindible que el resto del disco y bastante distinta además. Me dejó frío y extrañado. Posteriormente, un amigo de la facultad me grabó en cita de cassette el disco. Allí ya quedé prendado de tres canciones que durante mucho tiempo las tenía en brutal estima por encima del resto: "Wake up", "The river of deceit" y "All alone". Con diferencia, las más tristes y conmovedoras, tres de las más bellas muestras musicales que experimentaré jamás.


Con esas impresiones aún irregulares, pero puntualmente maravillosas, llegó el cumpleaños de un gran amigo mío donde mi idea era regalarle el disco. Cómo no, a la forma en que se hacen los regalos más inmortales: a mano, sin gastos, sólo con cariño y significancia. Le grabé otra cinta de cassette, de mi propia cinta pirata de cassette -reíros ahora, acólitos del bit rate- y se la deposité en su buzón sin mediar palabra con él. Sólo le incluí una nota a bolígrafo con alguna sentencia propia de las circunstancias y con un asterisco señalando las canciones que más me llegaban, las tres de las que hablo.

Ese ritual obedecía a alguna de esas crisis puntuales de aislamiento, incomprensión -o sepa dios qué- que ocurren con esos amigos que te acompañan durante todo tu periplo vital y que, cómo no, siguen a día de hoy a tu lado. No es gratuita esta anécdota, ya que son esas intrahistorias que van unidas a los discos, o a las obras artísticas en general, las que aportan su verdadera importancia y significado en tu transitar. Supongo que ése será para ambos el recuerdo que más perdure de este trabajo siempre.

Con los años, fui valorando cada vez más Above y me ha seguido acompañando, sobre todo en el momento en que moría el verano. Me fascinaba escuchar las primeras notas pautadas, profundas y misteriosas de "Wake up" antes de que la voz más conmovedora y particular del rock comenzara a deshacernos por dentro con sus versos. Y más cuando la luz y el calor daban paso a la ingravidez de septiembre, que es un mes en el que considero que todo nace y muere, una especie de año nuevo particular. La extraordinaria técnica y capacidad tribal de la batería de Barrett Martin en "X-ray mind", la herencia arrastrada y soporífera en el mejor sentido de Alice in Chains en "Lifeless dead" y "I don't know anything", la llegada furtiva y cautivadora de Mark Lanegan  en "Long gone day" o esa orgía instrumental alucinógena que es "November hotel" con un McCready inmenso y expansivo, han sido con el tiempo otros lugares sonoros donde perderme y sentirme afortunado por contar con ellos. Así hasta convertirse en un disco crucial del que no puedo prescindir nunca.

"All Alone" en directo. Una elegía descarnada por la soledad que se pega a las entrañas.

De los pocos documentos para acrecentar su leyenda y extraordinaria calidad musical y emocional, es su vídeo comercializado en VHS, Live at the Moore de 1995. Otro buen amigo me lo grabó ya en esta era digital y es fascinante el estado de forma de la banda, su capacidad de transmisión y el aura intransferible y personal que destila. Por fin este año hemos asistido a una re-edición de lujo donde se puede disfrutar junto a un cuidado digipack y libreto de Above y el concierto íntegro en The Moore, tanto en audio como en vídeo -con las canciones no incluidas originalmente como extras adicionales de vídeo-.

Se incluyen también, y ahí está lo jugoso, una colección de temas con la voz de Mark Lanegan como protagonista una vez que Layne Stanley nos hubiera abandonado a todos. Especialmente hermosas resultan las dos más pausadas y emotivas, "Slip away" y "Black book of fear", mi preferida del nuevo lote. Se rescata también "I don't wanna be a soldier", la versión de John Lennon ya incluida en el tributo al artista Working Class Hero (1995).

La preciosa "Black book of fear".

Como anécdota, contaré que en una de las veces en que pude hablar con Ainara LeGardon en Madrid, me comentó como Chris Eckman, miembro de The Walkabouts que colaboró en sus discos, le contaba con impotencia la preparación del segundo trabajo de Mad Season. Un trabajo que nunca llegó a existir por esas tardes de ensayo en las que sólo Barrett Martin acudía al local habiendo quedado todos previamente, sin saber el paradero de ninguno del resto de miembros. A saber en qué sucio rincón estarían lamentándose con su idilio pernicioso con los paraísos artificiales. Impactante sobre todo por ser contado por alguien que lo ha vivido allí mismo, en relación con el resto de personas implicadas en Mad Season. O los detalles terribles de la sobredosis que se llevó de este mundo a John Bakers tras ser abandonado por su pareja sentimental. No son notas truculentas sin más, son flecos que ayudan a mostrar con detalle y honestidad máxima lo que se cuece detrás de las obras y los artistas cuya vida duele, muerde y fluye a duras penas.

Y hasta aquí este pequeño tributo a una banda y una obra imperecederas que siempre latirá viva y frondosa, esperando que nuestros oídos y corazones se adentren una vez más en un viaje hacia ninguna parte como lo son todos aquellos en los que merece la pena embarcarse.

3 comentarios:

  1. Extraordinario homenaje a uno de los mejores discos de todos los tiempos.

    En esta época donde cualquier inepto es capaz de escribir y publicar en el ciberespacio, se agradecen textos así, llenos de talento, reflexión y corazón. El disco en cuestión, maravilloso, indescriptible, se presta a dejar en evidencia a casi cualquiera que intente analizarlo, pero éste, naturalmente, no es el caso. Si la mayoría de las canciones que lo forman son de una belleza inmortal, las anécdotas, las vivencias y las percepciones que expone Raúl al respecto están en perfecta consonancia. Si Above es personal y único, este tributo lo es exactamente igual. Cambian las décadas, cambian los formatos musicales y cambian los viajes, pero por suerte los grandes discos y las personas con capacidad para la transmisión permanecen inalterables, año tras año, otoño tras otoño.

    Enhorabuena, Raúl, y gracias por ennoblecer este corrupta y prostituida herramienta llamada internet.

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  2. Gracias. Me he emocionado. Y eso es más de lo que puedo decir.

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  3. En estos precisos momentos lo escucho y me emociono cada vez que lo hago; más, mis ojos están húmedos al leer semejante homenaje.. Te felicito, al parecer el Above estremece no sólo a mi.

    Saludos desde Chile

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